La educación como derecho. (Parte 2)
• ¿Cómo se transformaron desde 1976 esas cualidades que Beatriz Sarlo enuncia como constitutivas del “ser argentino”?
Las cualidades que Beatriz Sarlo enuncia como constitutivas del “ser argentino” (ser alfabetizado, ser ciudadano y tener trabajo asegurado) se transforman desde 1976 al dar comienzo a un periodo donde se puso fin al largo proceso de ampliación de los derechos y se inició la nueva situación de despojo iniciada en la última dictadura militar.
La concepción del hombre como portador de derechos se esfuma como los tres derechos considerados básicos e incuestionables dejando de ser un bien social para volverse una propiedad personal limitada a pocos, y al imponerse un imaginario social opuesto donde se considera que los derechos más individuales son prioritarios a derechos colectivos.
Las consecuencias de este nuevo sujeto dejo marcas que conlleva a que actualmente se considere que el “ser argentino” no se componga de los anteriores atributos enumerados, al no presuponer de los derechos políticos y sociales que antes el Estado había establecido como aspiración y posibilidad de logro. Creando una condición cultural, política y económica que creo un hombre aterrorizado, empobrecido y al mismo tiempo lo divido de su clase social y sin representación, haciendo que cada individuo pierda la visión y el horizonte del fututo.
• ¿Cuáles fueron las condiciones y políticas públicas que provocaron los cambios?
Las condiciones y políticas públicas que provocaron los cambios fueron el reordenamiento del proyecto político, económico y educativo. El primero se basa en la implementación estado de sitio y el terror sistemático como instrumento que prohibía el accionar de los partidos y sindicatos, quebrando los lazos sociales a través del el abuso de poder y la represión, la sumisión de la justicia y la violación sistemática de los más elementales derechos humanos.
Por otro lado, el reordenamiento económico se ejecuto a través del ajuste, privatización y desregulación que privilegiaron al sector financiero. La apertura de los mercados, el fomento de las importaciones, la progresiva eliminación de los mecanismos clásicos de protección de la producción local y una pauta cambiaria desfavorable se combinaron para dar como resultado procesos de desindustrialización, concentración económica, desempleo y precariedad laboral.
Por último, el campo educativo no estuvo exento de esta situación, la Dictadura llevó a cabo políticas específicas que se propusieron modificar algunas lógicas previas y volverlas afines al resto de los cambios sociales. Como expone Myriam Southwell la última dictadura produjo un desmantelamiento del proyecto pedagógico hegemónico vigente desde fines del siglo XIX llamado “modelo civilizatorio-estatal”. Se ejecuto y manifestó de varias maneras, entre las tres centrales esta ceder su lugar principal como garante y prestador del servicio educativo para transferirlo a los Estados provinciales y a los sectores privados. A su vez, su discurso dejo de estar vinculado al ascenso social, la igualdad de oportunidades y el derecho a la educación haciendo que a las clases más desfavorecidas pierdan la movilidad social a través de la escolarización. La última operación fue el terrorismo estatal usando una estrategia represiva que iba desde la desaparición forzada de docentes y alumnos hasta el control de la vestimenta diaria, pasando por censura de libros y cesantías varias.
• ¿En qué sentido Sarlo enuncia que la “maquinaria escolar” impuso prácticas autoritarias como democráticas? ¿Qué sucedió después con la “imposición de derechos y la sustracción de derechos?
Desde la perspectiva legal el ingreso al sistema educativo de niños es un derecho adquirido que debe ser garantizado y su permanencia en su estatus de alumno es la política y rasgo fundamental que deben asumir las instituciones educativas. No obstante, el niño es visto por la “maquinaria escolar” como un libro que debe estar en blanco, el cual no debe poseer particularidades propias como su “historia incorporada”. Por ello, si este desea lograr el mejor futuro posible solo se le garantiza si erradica sus marcas sociales y culturales adquiridas en el exterior del sistema educativo, siendo una imposición sin el acuerdo de los sujetos involucrados.
Lo ante dicho, delimita no solo sus destinatarios sino que conlleva a definir una hegemonía y sus principios excluyentes que conlleva a niños de sectores trabajadores, indígenas, inmigrantes y jóvenes a convertirse en menores judicializados o en adultos tempranos sustrayendo su derecho tanto a ser alumno, supuestamente asociado a la infancia, como a una adolescencia “normal”.
• ¿Es la igualdad un fin de la educación o un punto de partida? Expliquen detalladamente.
La igualdad es un punto de partida de la educación dado que implica la concepción del otro como sujeto de derechos y a su vez es algo aspiracional, ya que al partir de esa base todo individuo posee las mismas oportunidades siendo su posible alcanzar el fin de la justicia social.
De esta postura las particularidades presentes en cada individuo son respetadas y valoradas, generando espacios de cuidado basados en una apuesta en confiar en las posibilidades de aprender del otro y otorgando atención a la diversidad. El reconocer la diversidad en el sistema educativo y otorgarle a cada individualidad un valor se resignifica en una mirada reflexiva y abierta que le garantiza el ejercicio de sus derechos con un futuro horizonte de igualdad
• ¿Debemos enseñarles a las niñas y los niños lo que ellos de antemano quieren aprender?
No debemos enseñarles a las niñas y los niños lo que ellos de antemano quieren aprender, dado que el interés debe ser el punto de llegada sino el objetivo en sí mismo.
La postura que toma el interés como punto de partida a la hora de enseñar crea una educación que se convierte a los alumnos y la comunidad en “consumidores inteligentes” que saben todo lo que necesitan, por lo que concurren al mercado educativo a saciar “demandas previas” incuestionables, a cuya satisfacción debe limitarse el acto educativo. Saciar esas demandas, innatas y asociales, conlleva como dice Philippe Meireu a una dependencia sin exigencia que “ratificaría todas las formas de desigualdad y dejaría a los <<hombrecitos>> completamente inermes, incapaces de entender lo que ocurre, privados de voluntad y prisioneros de sus caprichos y de toda clase de manipulaciones demagógica”.
En síntesis, limitar al proceso de enseñanza-aprendizaje al interés del alumnado no es un deber de la educación. No obstante, este mismo se puede utilizar como vehículo para que el aprendizaje sea significativo y este basado en los “derechos del alumno”.
